Llega abril y, con él, un aroma especial inunda el sur. No es solo el azahar; es la expectación de las lonas de las casetas, el sonido de los cascos de los caballos y el tintineo de los hielos en las jarras. Si existe una bebida que define la democratización del disfrute en la Feria de Sevilla (y en todas las que le siguen), esa es el rebujito.
Pero, en ocasiones surge la pregunta de cómo una mezcla tan sencilla llegó a convertirse en un icono cultural.
Un origen con acento inglés: Del “Sherry Cobbler” a la caseta
Aunque en la actualidad se considere una elaboración tradicional de la región, el concepto del rebujito tiene raíces internacionales. Su antepasado directo es el Sherry Cobbler, un cóctel que causó furor en la Inglaterra victoriana y en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Aquella mezcla de vino de Jerez, azúcar, hielo y un toque de fruta ya perseguía el mismo objetivo actual: domar la intensidad del vino para hacerlo refrescante bajo el sol.
Sin embargo, la versión moderna que impera en las celebraciones primaverales tiene un origen mucho más pintoresco y local. La historia sitúa su invención oficial en la Feria del Corpus de Granada, en el año 1985. Cuenta la anécdota que un grupo de farmacéuticos, mientras montaban su caseta bajo un calor asfixiante, intentaron refrescarse con unas botellas de vino de Jerez sobrantes de la edición anterior. Para suavizar su sabor y combatir la sed, optaron por mezclarlo con refresco de lima-limón.
El invento improvisado fue un éxito tan rotundo que, a partir de los años 90, la mezcla dio el salto definitivo a Sevilla y al resto de Andalucía. Se consolidó como la solución perfecta para aguantar las largas jornadas festivas: una bebida con menor graduación alcohólica, burbujeante y extremadamente fría.
El reconocimiento internacional también ha contribuido a su proyección. En 2020, The New York Times señaló al rebujito como “la mejor bebida veraniega de todos los tiempos”, reforzando su visibilidad fuera del ámbito nacional. A ello se suma su incorporación en 2021 al Diccionario de la lengua española de la RAE, un hito que consolidó su valor como término plenamente integrado en la cultura popular andaluza.
El arte de su preparación
Para recrear este ambiente festivo en el hogar, la receta tradicional resulta tan sencilla como efectiva. El secreto de un buen rebujito reside en la proporción y la temperatura. La elaboración ideal consiste en llenar una jarra con abundante hielo y añadir una parte de vino Fino o Manzanilla por cada dos partes de refresco de lima-limón. Para culminar, se incorporan unas hojas frescas de hierbabuena —previamente golpeadas de forma ligera en la palma de la mano para que liberen sus aceites esenciales— y se remueve con suavidad.
No obstante, como alternativa para quienes buscan dar un paso más allá en cuanto a calidad y comodidad, el mercado ofrece opciones listas para consumir. Entre las distintas elaboraciones que elevan la receta original, destaca actualmente Micaela Spritz, de Bodegas Barón, una bebida que propone una visión moderna de este clásico.
Uno de los aspectos más distintivos de esta propuesta son sus notas naturales a menta y hierbabuena. Este matiz botánico le aporta un frescor característico, de corte casi balsámico, idóneo para las altas temperaturas que suelen registrarse al mediodía en pleno Real. Supone una unión equilibrada entre la tradición de una bodega histórica y las demandas del consumidor actual.
Con la llegada de la Feria de Sevilla, se inauguran los días de encuentro que marcan el calendario primaveral. Las recomendaciones habituales para estas fechas invitan a vivir la celebración con intensidad, manteniendo siempre la responsabilidad y un consumo moderado. Tanto para los asistentes a la feria como para quienes prefieren disfrutar del festejo desde casa, opciones como Micaela Spritz se presentan como una excelente alternativa para degustar el sabor que mejor representa estas fechas.

